Hay personas cuya vida puede cambiar en cuestión de segundos. No necesariamente porque acierten los números de la lotería. A veces, basta con correr 100 metros.
Para Liranyi Alonso, esos segundos que durante años dedicó a perseguir una meta en la pista terminaron transformando su vida.
Con apenas 20 años, la velocista llegó a los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 con resultados que advertían que estaba destinada a grandes cosas, aunque todavía lejos del reconocimiento que acompañaba a la principal figura del atletismo dominicano, Marileidy Paulino.
Alonso ya había conquistado el oro en los 200 metros de los Juegos Panamericanos Junior de Asunción, la plata en los 100 metros y había establecido el récord nacional de esa distancia con 11.04 segundos. Sin embargo, esos logros pertenecían principalmente al mundo deportivo. Para el gran público, todavía quedaba una pregunta: ¿quién era aquella joven de La Vega?
La respuesta llegó a toda velocidad.
Después de conquistar el oro en los 100 metros, las miradas comenzaron a centrarse en ella. Luego llegó otra medalla dorada en los 200 metros y posteriormente dos más en los relevos, para completar cuatro oros y convertirse en una de las grandes protagonistas de Santo Domingo 2026.
“Yo todavía estoy asimilando todo lo que está pasando. Han sido días muy intensos. Estoy feliz, pero quiero mantener los pies sobre la tierra”, contó Alonso a Listín Diario.
El éxito deportivo también comenzó a transformar su realidad personal. Antes de los Juegos, Liranyi no tenía una vivienda propia y enfrentaba una situación económica limitada. Ahora, solo por las cuatro medallas de oro conquistadas, recibirá RD$1.2 millones correspondientes a los incentivos establecidos para los atletas dominicanos.
A esto se suma un apartamento nuevo y amueblado que el presidente Luis Abinader dispuso entregar a la velocista por su destacada actuación como integrante de la delegación dominicana.
En La Vega también fue reconocida con otros RD$760 mil, gestionados por la Unión Deportiva Vegana (Udeve), con aportes del Ayuntamiento de La Vega y de empresarios de esa provincia.
De repente, aquella joven que corría contra el reloj comenzó a correr también hacia una vida completamente diferente.
Pero Liranyi asegura que no pretende dejarse llevar por el éxito ni por los recursos que ahora tiene a su alcance.
“Yo quiero hacer las cosas con cabeza. No quiero desesperarme porque ahora tenga dinero o porque me estén llegando cosas. Quiero invertirlo bien y pensar en mi futuro”, afirmó.
Su primera decisión no ha sido gastar, sino pensar. La atleta ya se sentó con sus padres para conversar sobre qué hacer con los recursos recibidos y cómo aprovechar de manera responsable las nuevas oportunidades surgidas después de los Juegos.
La intención es administrar el dinero con prudencia, invertir y mantener los valores que la acompañaron hasta llegar a Santo Domingo, sin permitir que el éxito económico transforme su esencia.
“Mis padres y yo hemos hablado mucho de eso. Queremos mantenernos humildes, trabajar con cabeza y no volvernos locos. Esto hay que saberlo administrar, pero también seguir esforzándome para tener más, no por vanidad, pero tampoco quedarnos estancados en el mismo éxito”, explicó.
Paradójicamente, el cambio económico llegó después de carreras que duraron apenas unos segundos.
Y quizá esa sea la mejor manera de resumir lo ocurrido con Liranyi Alonso: le bastaron unos segundos para conquistar cuatro medallas de oro y, con ellas, abrir la puerta a una vida que hasta hace poco parecía mucho más distante.


