Estados Unidos rechazó una propuesta de Nicolás Maduro que buscaba pactar una transición política de dos a tres años antes de abandonar el poder. Aunque la oferta parecía un gesto de apertura, en Washington la interpretaron como una maniobra diseñada para prolongar su permanencia en el cargo mientras ganaba tiempo para reorganizarse internamente y aliviar la presión internacional.
La propuesta surgió en medio de negociaciones discretas, cuando la Casa Blanca endurecía su postura frente al régimen venezolano y evaluaba nuevas sanciones. Funcionarios estadounidenses consideraron que el plan no ofrecía garantías reales de cambio democrático ni mecanismos claros para evitar que el chavismo mantuviera el control institucional durante el proceso.
Detrás del rechazo también pesó el cálculo geopolítico: la administración estadounidense no ve viable una transición larga y controlada por el propio Maduro, especialmente en un contexto donde Washington busca mayor estabilidad regional y transparencia en el manejo de los vastos recursos energéticos venezolanos. Para EE.UU., aceptar el plan habría significado otorgar al régimen una legitimidad que no está dispuesto a conceder.
Por: Itzel Olivo


